LA GRAN PROMESA DE JESÚS ES EL ESPÍRITU SANTO

Objetivo: Comprender la importancia de la promesa de Jesucristo sobre el Espíritu Santo en el plan de salvación.

 Texto de oro: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Lucas 24:49

 Introducción

La obra completa de Cristo incluye la salvación de los seres humanos a través de su sacrificio sustitutorio en la cruz y la irrupción del Espíritu Santo en la vida del discípulo. El plan es perfecto. Puesto que la naturaleza humana tal y como se da de por sí no puede ni podrá jamás sujetarse a los designios de Dios. Cristo envía a todo aquel que acepta la salvación un Ayudador, este es el Espíritu Santo que confiere una nueva naturaleza capaz de obedecer y poner en práctica la forma de vida que el Señor siempre quiso que viviéramos. Sin el Espíritu Santo en nosotros esta forma de vivir sería imposible.

 El plan revelado por Juan el Bautista. Marcos 1:7-8; Juan 1:29-34; Lucas 3:16

Juan el Bautista, estuvo anunciando a Jesús como el Mesías de una manera muy peculiar. El dijo que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Vio con toda claridad esta faceta vital del ministerio de Jesús. Jesús es el Cordero sacrificado como nuestro sustituto como pago por nuestros pecados. Pero Juan también dijo que Jesús bautizaría con el Espíritu Santo. Usted sabe que Juan, haciendo un llamado a la gente al arrepentimiento, los bautizaba como señal de un nuevo comienzo sumergiéndolos en agua en el rio Jordán. Juan afirma que el ministerio de Jesús sería mucho más poderoso puesto que él bautizaría, como hemos dicho, con el Espíritu Santo y fuego. Juan sabía perfectamente lo que Dios había planeado y nos muestra perfectamente que este plan consiste en dos partes: el perdón de pecados por medio de la sangre de Cristo y la venida del Espíritu Santo a todo aquel que obedece a Dios entregándose a Jesús.

 La promesa del Jesús. Juan 14:15-17; Juan 16:7; Juan 7:37-39

Jesús se refirió al Espíritu Santo como el Paracleto, palabra que se traduce como el Auxiliador, el Ayudador, el Abogado, el Protector, el que Fortalece, el Consolador, y dejó muy claro que el Paracleto vendría una vez que él partiera (Juan 16:7). También su promesa es descrita como vital y dadora de plenitud (Juan 7:38-39). De una manera explícita Jesús promete la venida del Espíritu de esta forma “Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros.” Se da usted cuenta, a veces olvidamos que él nos prometió continuar con nosotros a través de su Espíritu, que está es una promesa real y que es parte del plan original de Dios para la salvación del ser humano; esto podríamos decirlo así: El sacrificio de Cristo en la cruz nos rescata de la condenación a la que habíamos sido reducidos por causa del pecado, él anula el pecado y al perdonarnos nos trata como si nunca hubiéramos pecado; la venida del Espíritu Santo nos da poder para vencer al pecado en nuestra vida actual, nos libera de su dominio, nos da la posibilidad de ser mejores.

 El cumplimiento y el tiempo presente. Hechos 2:1-13 y 32-33; Hechos 2:38-39; Hechos 5:32; Lucas 11:13

La promesa de Jesús se cumplió el día de Pentecostés en Jerusalén. El Espíritu Santo se derramó sobre los apóstoles y algunas otras personas que estaban con ellos. El cumplimiento de esta promesa dio origen a la iglesia y todavía hoy vivimos en la era que se inauguró con ese hecho. Las vidas de muchos fueron transformadas y la acción del Espíritu sigue vigente a nuestros días. Es una promesa actual y tiene un alcance universal, es para todo aquel que cree y obedece. Como bien lo dice Pedro en su discurso “porque para ustedes es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Nosotros entramos en esta categoría, por lo tanto es una promesa para nosotros también. Piense usted: ¿Cómo caminaremos con Dios si él no nos ayuda? Ore para que Dios le dé de su Espíritu, porque él es bueno, él se lo dará.

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