ADORADORES DEL DIOS VIVO

Mateo 4:10, comp. Deuteronomio 6:13; Daniel 6

Introducción

Las palabras describen conceptos. Los sinónimos son palabras distintas para un mismo concepto, por ejemplo cabeza y testa quieren decir exactamente lo mismo. Quiero mostrarles en las Escrituras el sinónimo de adoración, para esto busque usted primero Mateo 4:10

10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.

Jesús cita un verso del libro de Deuteronomio, la referencia bíblica es Dt. 6:13; lean ustedes mismos esta cita:

13 A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás,(G) y por su nombre jurarás.

Ahora puede usted decirme cual es el sinónimo de adoración, sí, su sinónimo en la Biblia es temor. Dicho de otro modo adorar a Jehová es lo mismo que temer a Jehová.

Esto nos remite al primer mandamiento o al mandamiento raíz de todos los demás el cual dice así: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. La aceptación de este mandamiento nos convierte en adoradores de Jehová, o, para usar el sinónimo, en hombres y mujeres temerosos del Dios vivo.

Adorar a Jehová implica atribuirle divinidad, reconocerle como nuestro Dios, o  proclamar su deidad. Por esto los hombres de la Biblia que adoraron a Dios tomaron una actitud de humillación ante su presencia, postrándose sobre sus rostros,  bajando su rostro a tierra o arrodillándose ante su Dios. De hecho cualquiera que se postra o se arrodilla ante algo o alguien lo está tomando como su Dios.

Daniel rumbo al foso de los leones (Daniel 6)

La adoración no tiene que ver con las palabras sino con la voluntad. Si usted, de una manera consciente y voluntaria ha decidido que su Dios es Jehová revelado en Cristo Jesús, entonces usted es un adorador del que sabemos es el único Dios vivo. Echemos un vistazo a esto que digo en la vida de Daniel.

El capítulo 6 de Daniel nos narra que siendo Daniel hombre importante en la corte de Darío, al rey se le ocurrió nombrar a ciento veinte sátrapas que estarían bajo la autoridad de tres gobernadores, Daniel mismo era uno de estos tres gobernadores pero al notar Darío que Daniel era el mejor de todos pensó en ponerlo por encima de los demás. Esto motivó que por celos los gobernadores y sátrapas buscaran como quitarle ese lugar de privilegio, pero no encontraron motivo de acusarlo ante el rey porque Daniel era perfecto en sus caminos, por lo que idearon algo que tenía que ver con sus convicciones sobre su Dios.

El plan consistía en proclamar un edicto por medio del cual se establecía que nadie podría orar o hacer petición a ningún dios u hombre sino a Darío. Esto, además de colocar a Darío como dios, atentaba contra la práctica de Daniel como adorador del Dios vivo. Muy seguros estamos que a la mente del hebreo Daniel llegó inmediatamente el mandamiento fundamental “no tendrás dioses ajenos delante de mí”. Con total convicción, Daniel estuvo dispuesto a asumir las consecuencias por dejar muy claro que para él sólo había un Dios quien es el único todopoderoso y todo sabio como para dirigir a él nuestra petición y que los hombres u otros dioses no son nada como para atribuirles poder divino.

De esto se trata la adoración a Dios, es reconocerlo a él como el único y verdadero Dios, es atribuirle a él todas las características de la divinidad, atribuirle sabiduría total y completa, atribuirle todo el poder y toda la santidad, atribuirle todo esto y por tanto confiar en él.

Por ello, reitero, la adoración no tiene que ver con las palabras sino con la voluntad, es una actitud, es rendirse ante él, postrarse ante sus pies reconociendo su grandeza y su divinidad, es una actitud que parte de una convicción: no solamente creer que él es Dios, sino estar convencido que él es mi Dios y yo soy suyo. Note la fórmula del salmo 95:6-7

6 Venid, adoremos y postrémonos;
    Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.
 7 Porque él es nuestro Dios;
    Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano.

Tenga en cuenta esto: Jehová y su Hijo Jesucristo no es uno de mis dioses sino mi Dios. Los pueblos han adorado al ejército del cielo, a ciertos animales, a hombres o demonios. Puede ser que nosotros mismos lleguemos a enredarnos prestando nuestra confianza a objetos o sujetos que no tienen poder, o que les atribuyamos virtudes que sólo el Dios verdadero tiene. La pregunta que cabe, entonces, es ¿Quién es tu Dios? ¿A quién adoras, o a quien temes?

 

La adoración expresada en la Biblia

La adoración como se expresa en la Biblia es postrarse ante Dios. Los hombres de la Biblia se postran ante el Rey Jehová y ante su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, porque al hacerlo le reconocen como Dios. Daniel se arrodillaba con dirección a Jerusalén para orar a Jehová; es la actitud repetida innumerables veces, desde el Génesis hasta el Apocalipsis por todos los adoradores del Señor. Cabe aclarar que también ante Jesús se postraron y le adoraron y que esto prueba su divinidad, pues aunque pretendan negarlo tenemos el dato bíblico de que un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesara que él es el Señor. Echemos un vistazo a algunas citas:

Ex. 4:31; Josué 5:14; Job 1:20; Nehemías 8:6; Mat. 2:11; Mat. 28:9; Apocalipsis 19:4

Como ven el adorador tiene la compulsión de postrarse, caer de rodillas o poner el rostro a tierra para, con la sumisión ante Dios, le honramos atribuyéndole poder y santidad. Postrado así puedes orar, alabar con tu voz al Señor, no necesariamente cantando, y también asimismo cantar.

Puedes alabar su nombre y puedes hacer lo que gustes pero en ese estricto sentido de declararle Señor, Salvador y Rey.

La calidad de la alabanza

La calidad de la alabanza depende de la calidad de a quien se alabe y de la actitud del quien alaba. Es muy cierto que podemos alabar a los hombres por sus hazañas, la Biblia expresa alabanza a la mujer virtuosa, y dice de ella, alábenla en las puertas sus hechos. Podemos reconocer una virtud o una serie de virtudes en hombres y mujeres, pero solo hay uno que suma todo lo bueno que se puede decir de un ser y que verdaderamente posee todas las cualidades de perfección, de grandeza, de poder y de gloria, él es el único digno.

 La alabanza tiene su fundamento en el hecho de que somos adoradores del Dios vivo. Si tenemos un dios pequeño o limitado, poco podemos presumir de él, pero si lo conocemos bien y sabemos que es todopoderoso: ¿Qué calidad de alabanza debemos presentarle? Como él, y sólo él, tiene todas las cualidades de la perfección, de la totalidad y de la infinitud nunca terminaremos de describir su excelsitud, es más, las palabras no alcanzan para alabarlo. De un hombre puedes decir, que fuerte es, qué veloz o qué precisos sus movimientos o sus pensamientos, pero nada más; de nuestro Dios se ha dicho mucho para glorificarle y todavía hay mucho por lo cual seguirlo haciendo.

Eso es la alabanza: reconocer y declarar su grandeza en todas sus facetas, con todo lo que tienes y con todo lo que haces. Una forma es cantarle, otra proclamarlo con gritos de alegría, contarlo a todo el mundo y de otras muchísimas formas más.

¿Quién da una mejor alabanza? Quien sinceramente lo ha hecho el todo de su vida. Aquel que con tal de agradarle se abstiene de la injusticia y del pecado. No porque tenga temor del infierno, sino porque su amor es tan grande que aunque le de todo a Dios, aun siente que se ha presentado ante él con manos vacías.

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