PIDIENDO LO IMPOSIBLE

Mateo 9:18-31

Introducción

Nuestro pasaje de hoy nos muestra las peticiones contestadas de cuatro personas en tres circunstancias. Las respuestas del Señor fueron un premio a la fe de quienes las formularon, en los tres casos citados se nota como primera enseñanza el venir con fe ante él; pero hay más que aprender, veamos:

Pedir lo imposible

Las tres peticiones que se presentan en este pasaje son vitales, son asuntos de tal importancia que involucran la vida misma de los que piden. No son peticiones superfluas, son vitalmente necesarias: 1) la resurrección de su hija, 2) ser sanada de una enfermedad que consumía su vida y 3) recibir la vista.

Además de ser vitales son imposibles a los ojos de los hombres. ¿Quién sería el hombre más poderoso sobre la tierra en esos tiempos? Seguramente el Emperador Cesar. Imagínese a este hombre principal, llegando con el emperador para pedirle: “resucita a mi hija”, la respuesta del emperador y de cualquier otro sería la misma “me pides algo imposible, no puedo hacerlo”. En ese caso el acierto de estas personas es que fueron con quien sí podía ayudarlos, de hecho la respuesta de Jesús en cada caso fue un sí.

¿Qué podríamos sacar de esto? Creo que hemos tomado los asuntos de mayor importancia de nuestra vida en nuestras propias manos y le pedimos al Señor las cosas menores. Pero él nos demuestra con este y otros muchos pasajes que está interesado en nuestras vidas y que él tiene las respuestas que no podemos encontrar con nadie más.

Cuando este hombre vio morir a su hija, corrió al Maestro porque nadie más podría ayudarlo, solo Jesús y le pidió no cualquier cosa, sino algo realmente nunca visto. Fíjese usted en esto, sus pensamientos estaban llenos con una idea de altísimos vuelos y se atrevió a pedirla, se atrevió a pedir lo imposible. Pero hizo lo mismo la mujer y también los ciegos y lo maravilloso es que los cuatro recibieron lo que pidieron porque se llenaron con la misma idea: que Jesús tiene poder para cumplir todas las peticiones, por lo tanto debemos atrevernos a pedir lo imposible.

Pero hay más que aprender en el pasaje. Damos por descontado el asunto de la fe. Debemos acercarnos con plena certidumbre de fe, creyendo su Palabra y confiando en sus promesas. Esto implica valor y arrojo, ejemplos tenemos muchos: Noé construyendo el arca, Abraham dejando su tierra y sus parientes, David enfrentando a Goliat y muchos otros citados en Hebreos 11. Es la fe la que nos hace avanzar en la vida, la que transforma nuestro destino, la que cambia nuestra historia. Si tienes fe en un Dios para el que no hay nada imposible, lograrás cosas que a los ojos comunes parecen imposibles.

Ahora pongamos atención a la forma como estos personajes se acercaron al Maestro:

a)      El hombre principal, se postró ante él. Postrarse es signo de adoración y respeto. El hombre se humilló ante el Maestro, tenga en cuenta que la Biblia dice que era un hombre de importancia, quizás del tipo de personas a las que les es más difícil humillarse ante otros. Recuerda usted el Salmo 51:17 o 1 Pedro 5:5-7. Dios escucha a los que se humillan, él es un Dios altísimo, oremos con humildad, dirijámonos a él y estemos en su presencia con el debido respeto y con la debida adoración. Con esa actitud el hombre le estaba diciendo mucho al Señor: que creía en él, que conocía su omnipotencia; al postrarse ese hombre se reconocía como pecador. Con sus palabras, donde no se nota ninguna sombra de duda, coloca a Jesús en un lugar único, es lo que debemos hacer. Mire como la gente en la casa se burlaba, pero el hombre fue en contra del pensamiento común que le dictaba resignarse y lamentarse. Podemos ser nublados con pensamientos semejantes, ¿qué puedo hacer? Las cosas están mal, pero no puedo hacer nada por arreglarlas, solo un loco pediría o buscaría lo imposible. Seamos esos locos. Por lo mismo decimos que seguir a Jesús es ir contra la corriente, podemos hacerlo porque él es poderoso y no nos dejará sin mostrar a los otros que tenemos la razón. Que el que sueña y busca lo imposible y se lo pide a él, por mucha locura que parezca, será bendecido con la respuesta.

b)      La mujer impura lo tocó. Tener una enfermedad como esa la colocaba entre los impuros, ceremonialmente hablando. Por esto trataba de pasar desapercibida. No podía como el hombre principal manifestar públicamente su petición. Pero también soñaba con lo imposible y sabía que Jesús podía dárselo, tenía esa fe, al grado de confiar en que con sólo tocar el borde de su manto sería sana. Quizás pensaba, soy impura, no soy digna de que el Señor me vea ni tampoco de que me toque. Recuerde que el hombre pedía: “pon tu mano sobre ella”. La mujer se sentía inmerecedora de todo ello, pero con tan sólo tocar el borde de su manto será suficiente. Sin embargo, qué gran respuesta del Maestro, una total aceptación y comprensión de su caso “Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado”.

Igual, nosotros, hermanos, atrevámonos a tocar el manto del Maestro. ¿Nos sentimos indignos de recibir algo del Señor? Puede que lo seamos, pero pidamos confiando en su amor y benignidad. El no rechaza a ningún pecador que venga a él con la actitud correcta de arrepentimiento. Sólo que haya verdad en nuestro interior, que seamos sinceros con él.

Seguramente la vida de esta mujer de ese día en adelante fue otra porque se atrevió a soñar, se atrevió a confiar y se atrevió a llegar a la presencia del Señor. Que maravilloso día cuando ella se decidió a buscar, de una vez por todas, la salvación de su vida.

c)       Los ciegos lo siguieron. Estos ciegos fueron probados. Ponga atención a la narración: cuando Jesús pasaba le siguieron dos ciegos, dando voces, es decir, gritando “¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David!” Pero el Maestro no se detuvo por ellos. Si hubieran dado un solo grito o hubieran desistido unos pasos adelante, nunca hubieran tenido su respuesta, pero ellos siguieron al Maestro hasta la casa. Para una persona con su sentido de la vista sano era fácil seguir a Jesús, pero estos dos ciegos batallaron heroicamente para llegar hasta Jesús, sin la vista cualquier cosa es un obstáculo que podría hacerlos caer, ellos pasaron todo pero cumplieron su deseo. ¿Por qué hizo Jesús esto así? Es muy seguro que para probar el grado de su anhelo. A veces oramos “Señor, dame esto o aquello” y ni hacemos nada por obtenerlo ni volvemos a presentarlo como nuestra petición al Señor. Nos portamos como el Faraón cuando la plaga de las ranas, manda a traer a Moisés y le dice “ora por mí y por mi pueblo para que se quiten las ranas y queden solo en el río” y Moisés “¿cuándo quieres que ore a Jehová para que se quiten las ranas? Y, usted lo sabe, contra todo pronóstico el Faraón dice “mañana” pudiendo haber dicho hoy, ahora mismo. Queremos salvar nuestra vida, en lo espiritual y material, no importa, actuamos igual en ambos casos, y hacemos una débil petición y si el Señor se tarda en contestarnos, desistimos de pedir y de seguirlo. Todavía, vea el caso de los ciegos, los llama el Señor y les pregunta ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. ¿No puedes escuchar al Señor preguntarte: Crees que puedo salvar tu matrimonio? ¿Crees que puedo hacer de ti una nueva criatura? ¿Crees que puedo darte un trabajo mejor? ¿Crees que puedo ayudarte en tus estudios? ¿Crees que puedo hacerte un buen padre, un buen cristiano? ¿Crees que puedo hacer esto?

Joel Medina Palacios

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