REVITALIZAR NUESTRO ESPÍRITU

Isaías 40:28-31

Hace ya varios meses, compartí con ustedes el concepto bíblico del proceso del cambio según el plan de Dios. Como quizás no recuerdan, retomo algunas ideas: Primero. Todo cambia, de por sí el proceso de la vida que Dios creo conlleva la semilla del cambio. Segundo. Hay dos modelos de cambio que se contraponen, uno corresponde al plan de Dios para el ser humano y el otro es el resultado de la acción de Satanás. Tercero. El modelo de cambio que se introdujo por causa del pecado se llama envejecimiento, mientras que el modelo de cambio que corresponde al plan original de Dios se denomina crecimiento.

Dios no envejece ni se cansa

Cuando Adán y Eva pecaron desobedeciendo a Dios y comieron del árbol de la ciencia del bien y el mal, no eran concientes de que la sentencia divina: “el día que de él comieres, ciertamente morirás”, había comenzado a cumplirse, y sus cuerpos, antes inmortales, habían comenzado a envejecer. No era verdaderamente el plan de Dios, el envejecimiento es producto del pecado, es en sí la semilla de la muerte.

Note que Dios está exento de todo esto, él es por siglos y siglos, como dice nuestro pasaje “No desfallece, ni se fatiga con cansancio”. Su poder y fortaleza son eternos y su entendimiento es infinito. Mientras Dios es vida y desea otorgar vida a todo aquel que en él confía, Satanás va camino a la muerte y pretende llevar tras sí a muchos.

El cansancio

Los años, el largo camino, la persistencia de las situaciones difíciles, las largas y costosas enfermedades, las decepciones de la vida y tantas otras cosas que vivimos y hemos vivido provocan un estado de pasividad y desconsuelo. La sociedad actual se debate en la depresión y la pasividad, ya no quieren luchar más por salir adelante de las situaciones que viven.

Pero el cristiano tiene nuevas fuerzas, porque es promesa de Dios que los que en él confían levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.

Yo les invito a actualizar esta promesa en nosotros mismos. No nos cansemos de hacer el bien, no nos cansemos de orar y de alabar a Dios. No dejemos de luchar ni por nuestra vida entregada al Señor ni por nuestra situación como personas, somos hijos de Dios para alabarle y para mostrar su obra en nuestras vidas.

Revitalicemos nuestro espíritu. Dios nos invita a crecer y a nunca desmayar, cada día con más ánimo sigamos a Cristo y sirvamos a Dios. Sin importar lo que venga esforcémonos por crecer en todos los ámbitos de nuestra vida. No podemos detener el envejecimiento de nuestro cuerpo pero si el de nuestro espíritu.

 Pidamos a Dios nos vivifique, nos anime y nos levante y nos enseñe a luchar con renovadas fuerzas en cualquier campo donde se requiera fortaleza.

Joel Medina Palacios

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